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Tras más de tres décadas de estudio, el
antropólogo francés Christian Duverger asegura que Mesoamérica no
funciona sin los nahuas, porque se trata de una cultura estructurante;
pero también dice que se trata de una región que no funciona de manera
territorial y étnica, sino de forma pluriétnica en un mismo territorio.
Su
libro El primer mestizaje es un ambicioso trabajo de investigación que
busca aclarar el pensamiento mesoamericano y demostrar que está fue una
región pluriétnica en la que distintas culturas compartieron una misma
cosmovisión, pero que tuvieron como punto de partida y centro al pueblo
nahua.
El catedrático en antropología social y cultural de
Mesoamérica en la école des Hautes études en Sciences Sociales,
sostiene, contrario a muchos estudiosos, que a lo largo de los siglos
lo que prevaleció fue la continuidad cultural, eso significa que las
culturas que habitaron Mesoamérica tenían su propia identidad pero
mantenían los mismos códigos en la manera de hacer una ciudad, levantar
un templo o instalar una ofrenda.
“Mesoamérica es una combinación
de varios rasgos culturales que corresponden a dos mundos culturales
totalmente distintos, pero fusionados. No es el producto mecánico de
una especie de desarrollo técnico y agrícola, es realmente una
producción cultural resultado de un mestizaje”.
La tesis de
Duverger es que Mesoamérica es una identidad cultural resultado del
primer mestizaje que se dio cuando un grupo de nahuas nómadas decidió
instalarse junto a otro conjunto de sedentarios agricultores que ya
tenían la idea de propiedad que no poseían ellos.
El autor de
otros libros como El origen de los aztecas y Mesoamérica. Arte y
antropología, señala que la continuidad cultural es la idea básica del
libro que publica editorial Taurus, en coedición con el Conaculta, INAH
y UNAM.
Duverger asegura que todo se construye sobre la base de
una herencia, que por supuesto es antigua. A partir de esa herencia se
modifican las cosas pero no cambia el código, no cambia la creencia ni
la cosmovisión; lo que se modifica es la manera de representarlas, de
hacer un rito o de edificar una catedral.
“Hay una especie de
permanencia de creencias, de ritos, de costumbres, pero el estilo y la
manera de presentarlo cambia con el tiempo y con los lugares. La idea
del mestizaje es que se mezclan los rasgos, cada grupo tiene su
identidad, su cultura, pero contienen rasgos comunes”.
Las
conclusiones a las que llegó el antropólogo francés surgen de un nuevo
marco teórico que nada tiene que ver con las etapas preclásico, clásico
y posclásico, sino con nuevas divisiones que consideran la realidad
científica con base en las excavaciones, investigaciones y análisis de
los hallazgos.
“Mesoamérica combina elementos comunes de toda el
área con elementos culturales compartidos, pero el viejo marco teórico
muy semejante al ‘Clásico’ de Europa no ayuda a comprender plenamente
cómo se podía combinar la diversidad y la homogeneidad. Mi tesis es que
a lo largo de los siglos siempre ha existido la continuidad cultural;
que el idioma cambió, pero no la religión ni la cosmovisión; la prueba
está en su escritura icónica: las culturas representan ideas aunque de
diversa manera”.
Esa continuidad cultural es resultado del primer
mestizaje que se dio por el encuentro entre los antiguos nómadas nahuas
y las culturas sedentarias, mezclando la sangre y los rasgos culturales
de cazadores y agricultores.
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