La riqueza cultural de Mesoamérica fue producto de la confluencia de
varios pueblos, que dieron lugar a un nuevo proyecto civilizatorio que,
aun en la actualidad, sigue sin ser comprendido cabalmente, porque
seguimos viéndonos a nosotros mismos con los ojos de Europa.
La forma en que sucedió ese encuentro fundacional entre los indígenas de la región es el motivo central del libro El primer mestizaje (Editorial Taurus), del antropólogo e historiador francés Christian Duverger.
En entrevista con La Jornada,
el autor explicó que para acercarse y conocer a las civilizaciones
prehispánicas es necesario cambiar totalmente el marco teórico con el
que siempre las vemos, que ha demostrado ser arcaico y simplista.
“Es
necesario entender a Mesoamérica de una forma distinta a la
decimonónica, que es una visión inadecuada impuesta por el mundo
europeo y no corresponde a la realidad indígena. No podemos seguir
escribiendo su historia como una sucesión de misterios y preguntas que
no se pueden contestar”, señaló.
Mestizaje cultural y de sangre
La
génesis de la gran veta cultural mesoamericana tuvo su origen entre los
años 1500 y 1200 antes de Cristo, a raíz de la mezcla de los pueblos
agricultores sedentarios establecidos en el valle de México, de origen
otomí, y las tribus nómadas de la familia yuto-azteca, los nahuas,
quienes durante 28 siglos aglutinaron en torno a ellos a los demás
pueblos, entre ellos los mayas y otros grupos menos numerosos.
Mesoamérica,
afirmó el investigador, “es el producto de ese mestizaje cultural y de
sangre” que dio lugar a una nueva cosmogonía y un nuevo orden
político”, y significó un elemento de unificación cuya influencia llegó
hasta los puntos más lejanos, como el occidente, norte y sur de México,
donde los topónimos en lengua náhuatl demuestran el alcance del poder
mexica.
Para comprender ese mundo, reiteró Duverger, debemos
cambiar la visión nacionalista del siglo XIX, basada en el concepto
europeo de construir un país a través de un territorio, un solo pueblo
y un idioma nacional.
“La realidad nunca fue así. Tenemos que
reconocer la naturaleza pluriétnica de México, en donde los diversos
grupos pueden convivir sin abandonar su lengua” ni otras
características que les dan identidad propia, y al mismo tiempo
comparten una misma raíz y cosmovisión.
¿Desaparición misteriosa?
Esa
concepción deformada de Mesoamérica es la que genera el mito de que las
civilizaciones olmeca, maya o teotihuacana “desaparecieron
misteriosamente”, como si se hubieran evaporado sin dejar rastros.
“Es
absurdo pensar que todos los hombres que hablaban un idioma se
murieron. Puede desaparecer un estilo de gobierno, una tendencia o
inclusive una ocupación territorial, pero no por ello desaparece una
civilización entera”, sino que evoluciona o se transforma en algo más.
En
su libro, Duverger analiza cinco épocas concretas en donde se
produjeron cambios importantes en la civilización mesoamericana, y pone
de manifiesto el nivel de complejidad que ésta alcanzó, como lo
demuestra la creación de una escritura ideográfica completa.
“La
lectura nueva que propongo busca valorar mejor el patrimonio de México,
rehabilitar la historia prehispánica como un acontecimiento profundo y
demostrar que se trataba de culturas desarrolladas. Hablar inclusive de
elementos como el sacrificio humano, pero explicando por qué y cómo
existió.”
|